lunes, 19 de junio de 2017

Mis vacaciones en la casa de Hernán Cortés


Cuando me dijeron que Hernán Cortés se había alojado en el Parador de Zafra (Badajoz), hice una reserva para una semana entera. Quería saber qué se sentía durmiendo en una habitación que pudo guardar los sueños en su día de uno de los más famosos conquistadores de América. Mi chico se apuntó encantado para mi plan y para allá nos fuimos solos, sin las niñas. 

El parador es un castillo del siglo XV. Es un castillo-palacio construido sobre los restos de un alcázar árabe. La gente siempre fue muy apañada. Pillas los restos de una construcción árabe tras una guerra y empiezas a hacer un castillo para la familia. El parador hoy en día está muy bien. Tiene una fachada muy cuidada y lo mismo puedo decir de los interiores. 

Lo que no me gustó fue la decoración. Parecía que estabas en una iglesia. Nuestra habitación tenía una cama con un cabecero que recordaba la fachada barroca de la Catedral de Santiago de Compostela. Me vinieron ganas de rezar. Mi chico decía lo mismo. Mirabas para el techo y veías un artesonado o lo que fuera aquella madera trabajada que te hacía soñar con los ángeles. Era tremendo. 

Ni siquiera los sillones de color rojo se sacaban del aire religioso. Me recordaban los hábitos rojos de los curas cuando dicen algunas misas. Hernán Cortés debía ser un hombre muy religioso. mataría indios, pero rezaba. 

En todo caso, os recomiendo el Parador de Zafra (Badajoz). Vale la pena pasar por allí unos días en este parador porque es un edificio muy inspirador. También vale la pena por la comida de su restaurante. No sirvieron una caldereta de cordero que nos chupamos los dedos. Mi marido casi se aficiona a las migas extremeñas. Es un hombre muy de gastronomías locales. Cuando llegamos a casa se empeñó en hacer el solomillo ibérico al queso de los Ibores que comimos en el Parador de Zafra (Badajoz). Ni que decir que no le salió ni la mitad de rico.