Los Reyes de Dinamarca
vuelven a sentir amor
lejos de aquellos cuernos
que casi los dividieron
antes de la abdicación
de la Reina Margarita,
ya anciana y con bastón.
Con los hijos ya mayores,
un reinado en acción,
viajes sin pagar nada,
vuelven a reír los dos.
Federico le agradece
haber dejado Australia
e ir para Dinamarca
cuando Cupido les dio
con una flechita de oro
que al altar los llevó.
Mary sonríe serena
sabiéndose triunfadora
y olvidando a aquella
Genoveva rompebodas
que en Madrid se quedó.
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