Meghan y su príncipe inglés
compraron una mansión
con 16 meaderos
y mármol en los 16.
Es tan grande que se pierden
jugando al escondite
con sus dos hijos pequeños
por habitaciones frías.
No echan de menos nada
ni quieren otra vivienda
que sea menos lujosa
porque los lujos los tientan.
Archie y Lilibeth se ríen
en el parque infantil
mientras sus padres derrochan
el dinero sin sentirse
culpables de los derroches
porque ellos son así.
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