Perfumes para nosotras

Perfumes para nosotras
Un olor distinto para cada momento

lunes, 31 de octubre de 2016

Mis vacaciones en Paradores Nacionales y en Amsterdam

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Estuve en el Parador de Chinchón por motivos de trabajo. Una empresa con la que colabora había alquilado uno de sus salones de trabajo para hacer una reunión de consultoras de belleza y me pareció muy práctico alojarme en el mismo sitio al que iba por motivos laborales. Así fue. Todo estaba a mano, como dice mi madre. 

Es un Parador muy fácil de encontrar. Está en la Avenida del Generalísimo,1, del bonito pueblo de Chinchón. Es un convento agustino del siglo XVII que parece una casa antigua más que un convento. Mis compañeras y yo pasamos un fin de semana inolvidable en este Parador rodeado de un amplio jardín de cipreses, rosas, setos y demás plantas verdes. Era un jardín frondoso que invitaba a relajarte y a olvidarte de tus problemas. 

El claustro de este antiguo convento reconvertido en Parador es muy bonito, aunque no tan espectacular como el de otros conventos que he visto. Lo que sí es espectacular es el interior del Parador. Te hace soñar con sus murales en las paredes de impronta renacentista, amplios ventanales y bóvedas propias de la arquitectura de otros tiempos. Me gustó mucho el mobiliario clásico y castellano, y eso que yo no soy nada de antigüedades. Era el tipo de mobiliario que le iba ideal al Parador. 

Mi habitación era de cine con una zona baja, donde estaba el dormitorio propiamente dicho, y una parte superior, tipo dúplex, al que accedías por unas bonitas escaleras de madera. Me sentí como una Reina. Fue mi premio por parte de la empresa por ser una de sus mejores vendedoras. 

Volvería al Parador de Chinchón sin pensarlo dos veces. Es estupendo. Muy tranquilo, con rincones en su jardín muy románticos y un restaurante donde puedes saborear una cocina sencilla y deliciosa. Me encantó el cochinillo y el cordero asado. Muchas de mis compañeras pidieron sopa de ajo. Yo no porque la sopa de ajo no me gusta ni aunque me la prepare un chef.


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El Fletcher Hotel Amsterdam es un hotel bonito en la Europa chic, como dice mi hermana o, lo que es lo mismo, en la Europa rica. Yo estuve en este hotel con mi marido por recomendación de mi hermana. No iba muy convencida porque sus gustos no suelen coincidir con los míos, pero quedé totalmente satisfecha. 

El hotel es precioso tanto por fuera como por dentro y las habitaciones son grandes, modernas y muy amplias; tan amplias que no pasas estrecheces con tu pareja. Las vistas están muy bien. Son lo que llama mi chico vistas relajantes. 

Lo que no me gustó fue que el hotel quedara un poco alejado del centro de Amsterdam, pero no nos vino muy mal su ubicación porque queríamos visitar varios pueblos. También nos vino bien que tuviera parking gratuito. Nosotros habíamos alquilado un coche. No me apetecía trasladarme en metro. El hotel tiene una microbus para llevar a sus huéspedes hasta la parada del metro. 

No tengo quejas importantes de los empleados. La atención es buena, pero podría ser mucho mejor. alguna camarera de piso era algo respondona. 

Os recomiendo este hotel por sus habitaciones. Son preciosas. Y de los cuartos de baño mejor no hablo porque me venían ganas de arrancarlo y llevarlo para mi casa. Tenía la ducha en medio del cuarto de baño. Era lo más sexy que te puedes imaginar. Lo que no me gustó mucho fue que no estuviera separado del todo de la habitación. Tenía un tabique abierto para darle luminosidad y esto le quitaba intimidad. En todo caso, era precioso con aquellos sanitarios tan modernos y una especie de árbol blanco a la vista que mi marido decía que eran las tuberías. 

En el Fletcher Hotel Amsterdam todo es bonito. La fachada de noche parece de cuento, con las luces azules que ponen. Yo quedé con ganas de volver para otra escapada romántica a la Europa chic.

lunes, 24 de octubre de 2016

Mis vacaciones medievales con mi marido



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Los grandes jefazos siempre vivieron bien. Es lo que pienso siempre que visitamos la Alhambra de Granada, un palacio musulmán de otros tiempos en el que no me importaría quedarme a vivir con mi familia. 

La mejor manera de llegar a la Alhambra de Granada es en autobús. Ir andando te mata porque la cuesta es como para pensarlo dos veces. Meter un coche privado por la zona de la Alhambra es complicarte la vida y, cuando vas en plan turista, no estás para complicaciones sino para disfrutar de los sitios que visitas. 

Esta última vez hicimos una visita nocturna con las niñas aprovechando que nos salía casi a mitad de precio. No es lo mismo pagar ocho euros que catorce euros por cabeza. Las visitas las cobran muy caras. Yo volvería a ir de noche porque fue toda una experiencia. Me sentí como una princesa turca. 

No pudimos pararnos mucho en los jardines porque a mis hijas les dieron unos ataques de miedo que nos contagiaban todos sus temores. Por eso entramos directamente al Generalife, que fue el palacio que utilizaban los reyes musulmanes como lugar de descanso y de placer. Es un edificio rodeado de jardines. Mi chico quería hacer fotos en los jardines bajos. Fue imposible. Las niñas lloraban como si las matáramos. Se calmaron dentro palacio del Generalife. Mi chico les explicó a las crías que en el patio de la acequia se encuentra la arteria que suministra agua al complejo arquitectónico y, con tanta clase de arquitectura, se les fue quitando el miedo. 

Yo quedé prendada con el mirador romántico, un edificio de estilo neogótico y no pude perderme los jardines altos, que tienen unas vistas estupendas ni el paseo de las Adelfas, un camino de tierra cubierto por una bóveda de flores, que enlaza con el paseo de los Cipreses. 

Os recomiendo visitar La Alhambra de noche. Es una experiencia distinta. Espero repetirla, pero sin niñas. Los críos le quitan todo el romanticismo a la visita.




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Estuvimos en el Hotel Princesa Kristina, Covarrubias un par de días por la boda de unos amigos nuestros y quedamos bastante contentos con el trato recibido en este hotel decorado con el mismo estilo medieval que tiene Covarrubias en la mayor parte de sus calles. No es la decoración rústica mi decoración favorita, pero, cuando tienes todas las comodidades igual que en tu casa, no le das tanta importancia a una cama estilo casa de mi abuelita. 

Nos dieron una de las mejores habitaciones, una habitación amplia, con suelos de tarima de madera, con techo alto y una zona de salita que nos vino muy bien porque no nos sobraba el espacio para cuatro personas. Había habitaciones peores. Las del último piso, por ejemplo, tenían el techo tan bajo que dabas con la cabeza casi en las tablas. Este hotel es muy rural, con muchos techos de madera. 

El cuarto de baño, en cambio, estaba muy bien, pero estaría mejor si no le hubieran puesto unas paredes de mármol gris triste. Una de las paredes la tenía en piedra descubierta para que tuviera también su toque rural. La bañera era espectacular: grande y con patitas; de las que ves en las películas. 

Desayunamos en el hotel a primera hora porque nos dijeron que antes de las nueve de la mañana había pan recién horneado y también porque necesitaba el tiempo para arreglarme para la boda de mi amiga. Las sesiones de peluquería para recogidos de pelo llevan su tiempo. Nos gustó mucho el pan. Mi chico ya no comió otra cosa. Yo me metí dos bollos tipo bollos de leche que me quitaron el hambre para el resto del día. 

Os recomiendo el Hotel Princesa Kristina, Covarrubias, un hotel rural acogedor en el que te dan un trato familiar. Te sientes como en la casa de esa tía que recibe a los sobrinos con los brazos abiertos.




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El Parador de Segovia es un parador muy tranquilo porque está a las afueras de Segovia, en la finca El Terminillo, situada en la carretera de Valladolid. Nosotros pasamos unos días en este parador con las niñas para alejarnos del mundanal ruido y así poder trabajar en nuestros negocios online con tranquilidad. 

Nos gustó mucho. Este parador tiene unas vistas preciosas. No me extraña que lo llamen el mirador de Segovia. Desde las ventanas de nuestra habitación se veía toda la ciudad. 

Tuvimos la gran suerte de que no estaba muy concurrido. El fin de semana pasado, en cambio, estuvo mi hermana y estaba hasta los topes. Había una reunión de empresarios en su centro de convenciones. El Parador de Segovia tiene varios Salones de Congresos. 

Nosotros nos quedamos a comer y a cenar. En su restaurante te ponen mucha gastronomía de la zona. A mi marido le chiflaron los judiones de La Granja. Mis hijas se comieron la sopa castellana sin protestar. En casa no la hubieran ni olido. Son muy de comer fuera todo y en casa nada. Yo me puse hasta las cejas con un asado de cordero a mediodía y con el cochinillo asado en horno de leña en la cena. Hacía tiempo que no metía tantas proteínas entre pecho y espalda. Dicen que no es bueno comer tanta carne, pero a mí me sentó de cine. 

El Parador de Segovia es bastante moderno, pero podría serlo más. Por ejemplo, la decoración de las habitaciones me pareció muy seria. Yo esperaba algo más informal tras ver la fachada, una fachada de un edificio no antiguo que invitaba a unos interiores más modernos. 

Nuestra habitación era muy espaciosa. la cama era espectacular. Podíamos dormir los cuatro juntos y sobraba espacio. En una esquina había una mesa camilla con unos sillones a modo de salita de estar. Justo al lado estaba la pequeña terraza desde donde veías todos los alrededores. 

Los jardines estaban bien cuidados, pero no eran lujosos. La piscina estaba climatizada. Podías nadar en pleno invierno. También tenían spa, pero no fuimos. Estábamos en plan ahorro. 

Os recomiendo el Parador de Segovia. Está muy bien para pasar unos días en el campo sin alejarte de una ciudad en la que encuentras muchas tiendas interesantes para gastar tu sueldo en dos días si no miras las facturas.

Mis vacaciones más felices



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Zumaia, Guipúzcoa, es un pueblo vasco muy bonito. Yo estuve con mi marido y unos amigos e hicimos un recorrido turístico inolvidable. Cada vez les encuentro más encanto a los pueblos pequeños que tienen de todo y en el que se conocen todos los vecinos. 

Fuimos a ver los museos de Zuloaga y Beovide, pero sin parar mucho. Estaban llenos de recuerdos históricos de la zona. A mí me gustan mucho este tipo de museos casi sin turistas. Me resultan más relajantes que las iglesias que tanto le gusta visitar a mi chico. No son nada religiosa. 

Lo que sí me encantan son los palacios. Fuimos a ver los palacios de Foronda y Olazábal. Son preciosos. la gente de antes también vivía muy bien cuando era rica. 

Mientras las chicas tomábamos unos cafés en un bar muy coqueto de la localidad, los chicos fueron hasta la Iglesia Parroquial de San Pedro y la ermita de San Telmo. Mi chico aprovechó para hacer un montón de fotos de los dos templos. Tiene una colección de fotografías de iglesias de los lugares que visitamos. 

Acabamos nuestra visita en el Geoparque de la Costa Vasca y en la Ruta del Flysch. había muchos estratos geológicos datados del período Paleoceno, según nos contó mi chico. Él sabe de todo. Es una riqueza natural que no debes perderte si visitas este bonito pueblo vasco. Nosotros no habíamos visto nada igual en ningún otro sitio. 

Lo pasamos bien. Por eso os recomiendo visitar Zumaia, Guipúzcoa, un pueblo lleno de callejuelas que invitan a perderse. De hecho, nosotros nos perdimos un par de veces. Menos mal que la gente del pueblo es muy amable y siempre encuentras a alguien dispuesto a indicarte por donde tienes que regresar a la calle donde has dejado tu coche aparcado. Nosotros fuimos a tomar unos pinchos a un bar que había cerca de la iglesia parroquial. La camarera era un encanto. Nos indicó donde había una tienda para comprar unos recuerdos del pueblo. ah... y no debes perderte el puerto. Es el típico puerto pesquero vasco, con mucho encanto con tantos barquitos de pesca.




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Hay museos de todo, unos más originales que otros. El Museo Vasco del Ferrocarril - Azpeitia no es de los más originales, pero sí un museo que vale la pena visitar, sobre todo si tienes críos. A los niños y niñas les encanta ver trenes viejos. Mis hijas y mis sobrinos lo disfrutaron mucho. 

Mi chico también disfrutó explicándoles a los niños todos los elementos que había en la exposición relacionados con los ferrocarriles. Yo aproveché para imaginarme en uno de aquellos trenes. No me acabé de imaginar porque a mí me gustan las comodidades y aquellos trenes viejos no parecían nada cómodos. Eran trenes, como decía mi marido, para obreros. 

Lo vimos entero. En los bajos, al nivel de las vias, hay diferentes tipos de máquinas, de vagones, tranvías, etc, etc, etc. Vistos los trenes viejos pasamos a una habitación interior, en que guardan toda la maquinaria que servía para el mantenimiento de los trenes y de las vías. Finalmente subimos a los pisos superiores. En el primer piso tenía los uniformes que han lucido los ferroviarios a lo largo de la historia de los trenes en España, desde el antiguo ferrocarril del siglo XIX hasta el moderno AVE. En el segundo piso estaban los relojes de los trenes y de las estaciones. Es una colección de relojes muy completa. 

Nosotros vimos el museo por nuestra cuenta. Algunos días, creo que los domingos, tienen visitas guiadas por seis euros. No nos hizo falta ninguna de estas visitas porque mi chico sabe mucho de trenes. Nos la recomendaron. Los empleados de este museo, igual que los de todos los museos, saben venderte muy bien las visitas guiadas. Yo sólo me apunto a este tipo de visitas cuando estoy sola. Las visitas guiadas me parecen perfectas para personas que visitan los museos solas. Así, por lo menos, puedes hablar con el guía. Es una manera de aprender y de sentirte acompañada.

martes, 18 de octubre de 2016

Vacaciones saludables baratas



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Estuve con mi hermana pasando unos días en el Augusta Spa Resort de Sanxenxo y salimos nuevas. No hay nada mejor que unas sesiones en un buen spa para quitarte de encima el estrés del día a día. Yo desde que frecuento los spa he dejado de frecuentar los psicólogos. 

Nosotras cogimos dos habitaciones con vistas a la Ría. Son las habitaciones premium, las más caras, pero merecen la pena. Mi hermana decía que era una locura. A mí me gustan esas locuras, sobre todo cuando hacemos vacaciones de chicas y no tenemos cerca a los maridos para espantarse con los precios. Son esas locuras que te hacen feliz cuando las recuerdas. 

El spa es de los más grandes en los que yo estuve. Me impresionó. Tienen todo tipo de tratamientos, y el personal lo ves muy profesional. Puedes dejar tu cuerpo en sus manos sin temores. El spa está en el edificio uno. 

Nos quedamos a hacer todas las comidas en el hotel aprovechando que las raciones eran grandes. Los desayunos, por ejemplo, eran de los que tienen de todo: cereales, fruta, café, infusiones, bollería de la buena, fiambres, zumos naturales,... Lo que eché en falta fue más personal en la sala donde servían los desayunos. Había mesas que no estaban recogidas y que no podías usar. Con tres o cuatro camareros más tendrían el comedor más ordenado. 

Lo mismo pasaba algunos días en el spa. Notabas la falta de personal mucho. Mi hermana les protestó porque se veían toallas usadas tiradas por algunas zonas menos concurridas. Se excusaron amablemente, pero las toallas usadas seguían viéndose tiradas. 

En todo caso, os recomiendo el Augusta Spa Resort. Está muy bien tanto para ti tu sola o con tu familia. Cuando estuvimos nosotras había muchos críos en las instalaciones pensadas para los más pequeños de la casa. Había unas piscinas para niños muy simpáticas y lo mismo puedo decir del parque infantil. 

La habitación me gustó mucho. Como os conté, era de las mejores, pero no muy lujosa. Tenía apartada la zona de la sala de estar de la gran cama de matrimonio. Lo que no me gustó mucho fue el televisor. Era un poco pequeño. Yo estoy acostumbrada a tener en mi habitación un televisor de plasma enorme.




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A mí no me gustan las casas rurales que son como pequeños hoteles. Prefiero una casa rural para mí sola. Esto lo conseguí en el Centro de Turismo Rural Peña del Águila, donde alquilan una casita rural para cada familia, y así ganas mucho en intimidad. 

Las casas son tipo dúplex, un espacio más que suficiente para una familia de cuatro miemboros como la mía. En la nuestra, abajo estaba el salón, la cocina muy ordenadita y el cuarto de baño.En la planta de arriba había una habitación amplia en la que nos habían dejado cuatro camas, una de matrimonio y dos individuales. Estuvimos mucho mejor que un hotel y no pasamos nada de frío gracias a la calefacción central. La calefacción tiene unos temporizadores que mi marido controlaba mucho más que yo. 

Nos quedamos a comer y a cenar en el restaurante. Nos encantó la ensalada de fresa, el rulo de cabra con miel, espinacas y piñones. Comimos como en la casa de mi suegra, pero, con la diferencia que no tienes que ayudarla en la limpieza de la casa. Allí te lo dan todo hecho. 

También están muy puestos en divertir a sus huéspedes. Organizaban unos paseos en burro que hicieron las delicias de mis hijas. Hasta yo me animé a montarme en una burrita más mansa que un gato. Yo no esperaba pasármelo tan bien porque el turismo rural siempre me acaba aburriendo más pronto que tarde. Me hubiera quedado una semana más. 

Os recomiendo el Centro de Turismo Rural Peña del Águila. Los dueños son muy amables. Se adaptan a tus horarios. No pasa nada por ir a desayunar un poco más tarde o por pedir una cena algo fuera de hora. Esto no lo hacen en todos los sitios. Yo estoy cansada de alojamientos con unos horarios muy estrictos para las comidas. 

No echamos de menos ninguna comodidad. En el salón nos habían dejado un televisor de plasma mejor que el de nuestra casa. No descarto volver, sobre todo por lo bien que se come en su restaurante.




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A mi chico le gustan mucho los hoteles sin niños para nuestras escapadas románticas y también para viajes de trabajo. Uno de los hoteles sin niños que más nos gustó fue el FERGUS Style Mar Mediterrania, que está en Santa Susanna, Barcelona. Es un hotel ideal para pasar unos días de sol y playa con tu pareja sin niños de por medio. 

lo que no nos gustó mucho fue el tamaño de la habitación. Se nos quedó pequeña porque nosotros estamos acostumbrados a habitaciones bastante más grandes. Necesitamos espacio para sentirnos cómodos. Pero no fue mucho problema porque pasamos poco tiempo en la habitación. Casi no salimos del spa, aprovechando que era gratuito. Quedé nueva tras tantas horas de spa. 

El spa era mucho mejor que la piscina, casi más pequeña que la que tiene mi madre en su casa de campo. La gente se apelotonaba en la zona de la piscina y había peleas por las hamacas. pasé de hamacas, piscina y toallas. Creo que las cobraban y, aún así, la gente las demandaba. 

Cerca del hotel hay un camping bastante ruidoso. Yo oía a los del camping desde el jardín del hotel. Menos mal que nuestra habitación estaba bien insonorizada y no se oía el alboroto de los del camping. 

Os recomiendo el FERGUS Style Mar Mediterrania porque es un hotel sólo para adultos. Podía ser mejor si tuviera unas camas más grandes y unas habitaciones más amplias. La nuestra tenía una terracita con su mesa y sus sillas. Esto le daba mucho encanto. La cama no era de matrimonio, pero era tan cómoda que casi dabas gracias por las estrecheces. Como decía mi chico, nos levantábamos más enamorados después de una noche de roce obligatorio por la falta de espacio en la cama. 

El personal del hotel es amable en general, aunque a nosotros nos tocó una camarera de habitación un poco respondona. le dije que quería más toallas y me contestó que traía las que mandaba la gerencia. Tuve que quejarme a sus superiores para conseguir todas las toallas que necesitábamos.

sábado, 15 de octubre de 2016

Restaurantes baratos en Madrid y en San Francisco



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Gingerboy es un restaurante que te sirve la comida a domicilio en Madrid, cosa que yo valoro mucho porque soy de las que odian cocinar, sobre todo cuando hay que hacerlo para mucha gente. Es un restaurante de comida tailandesa, uno de esos restaurantes que te hacen quedar bien con los amigos por lo que tienen de raros. 

Lo que más nos gusta es el menaje en el que te traen las comidas. Recuerda los platos de las películas hollywoodienses de los ochenta. Mi madre siempre dice que nos hemos hecho clientes de este restaurante por los platos. Puede que tenga razón. 

Gingerboy nos ofrece comida tailandesa para llevarnos o para que nos llevemos desde su local de la bonita Plaza de Olavide chamberilera. No hace mucho tiempo que está abierto. Nosotros hará como dos años que somos clientes de este local de cool take away. Lo recuerdo siempre con unas colas tremendas que se forman en sus horas puntas y días de fiestas señaladas. 

En su carta encontraremos una amplia selección de sabrosos platos de comida asiática. De primeros platos ofrece sopas, ensaladas, rollitos y brochetas varias. Las ensaladas son muy originales. Las brochetas, en cambio, son más del montón y fuertes a más no poder para mi delicado estómago. 

A nosotros nos gustó mucho la Ensalada Hat Sald. También están muy bien los platos Mussuman, Panang o Green Curry si te gusta el picante. A mí no me gusta mucho, pero, de vez en cuando, como que apetece. 

No son platos tan baratos como los de otros restaurantes tailandeses. Si no hay carne de por medio, el preparado vegetariano os costará lo mismo que el de pollo. 

Os lo recomiendo. Es un restaurante que está muy bien para ir con niños porque tienen menú infantil. No está nada mal el menú infantil compuesto por tres platos que no pican en absoluto y que mis hijas devoran.




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El Magnolia Gastropub & Brewery es un sitio muy agradable donde poder tomarse unas cervezas con los amigos cuando sales de trabajar. Nosotros solemos ir con cierta frecuencia porque tiene algunas cervezas de producción propia. También puedes comer algunas comidas americanas que merecen mucho la pena cuando tienes hambre. No hay nada que quite más el hambre que una hamburguesa doble o triple como las que sirven en este famoso local. De los desayunos tampoco hay queja; son como una comida de aquí. Muchos huevos con bacon y esas cosas grasientas que se meten entre pecho y espalda los estadounidenses. 

Este local está en pleno barrio hippie, muy cerca del mítico cruce de calles Haight-Ashbury. Es fácil de encontrar, sobre todo si conoces la zona tan bien como mi chico. 

Los camareros/as del local son muy amables en general y pueden recomendarte tanto la bebida como la comida que creen que te gusta más. Con mis gustos no suelen acertar. De hecho, yo paso de sus recomendaciones. Soy de las que siempre quieren lo contrario de lo que te aconsejan comer y/o beber. 

Os recomiendo muy mucho el Magnolia Gastropub & Brewery. Como os dije, está en 1398 Haight St 
San Francisco, CA 9411, Estados Unidos 
entre las calles Masonic Ave y Central Ave The Haight. Es una visita que no debe faltar al recorrer este barrio hippie. 

La comida es muy americana. Tienen muchas hamburguesas y toda esa comida basura que gusta tanto en América y que te acaba gustando peque hay que reconocer que engancha. Como dicen mis niñas, es comida blandita. 

El local no es lujoso. A mí me recuerda los bares de los barrios de cualquier ciudad española un poco grande. Lo que no me gusta nada es que esté siempre tan lleno. No sé si es que nosotros siempre vamos cuando está hasta los topes o que está así todos los días.

Viaje a la China profunda



El Tian Yi Hostel, Pingyao, me pareció un hotel muy chino. Estuve con mi chico en un viaje de trabajo suyo y de placer mío y fue una experiencia inolvidable. No me imaginaba una decoración tan de la China antigua. Era como volver atrás en el tiempo. 

Es un hotel que te sale a precio de chollo. Por ejemplo, el desayuno no estaba incluido en el precio, pero sólo te costaba dos euros y era un desayuno tan completo como el desayuno inglés que te ponen en muchos hoteles españoles centrados en el turismo extranjero. La verdad es que en China todo es barato para los occidentales. Para los autóctonos, no lo es tanto, lamentablemente. 

Este hotel está muy bien ubicado. Está en el centro del Pingyao medieval, en una zona muy bonita y bastante tranquila. el resto de la ciudad me pareció caótica. A nosotros nos llevaban y traían. ¡Menos mal! No hubiera podido conducir en medio de aquel caos de tráfico. Allí los coches se te echan encima. Es un desastre. Mi chico decía que era porque la ciudad es inmensa. Eso no tiene que ver. Lo que tiene que ver es que las autoridades no sean más estrictas con las normas de circulación. 

Nuestra habitación era una habitación muy china, como las que salen en las películas, las que tienen la cama con dosel y la decoración típica del país de la muralla. Me hubiera gustado que fuera más grande. Casi estuvimos como dos sardinas en lata. Yo soy de las que necesito espacio. Encima en el armario sólo cabía la ropa de mi marido. Mi ropa tuvo que quedar en las maletas. 

En todo caso, os recomiendo el Tian Yi Hostel, Pingyao, un hotel limpio, silencioso y ubicado en la zona más bonita de la ciudad. El personal es muy amable. Se esfuerzan por hablarte en inglés y se les entiende bastante bien a todos.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Mis vacaciones baratas en Francia



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Más que una ciudad Castres es un pueblo grande que tiene un casco histórico precioso, con unas casas muy pintorescas al lado del río. Mi chico decía que debían pasar un frío horroroso los vecinos que residían en aquellas viviendas. 

Nos lo pasamos muy bien. Empezamos nuestra visita acercándonos hasta el Parc de la Gourjade, fuera del casco urbano. Es un sitio ideal para llevar a los críos. Íbamos con mis hijas y mis sobrinos mayores. Los críos se lo pasaron de cine correteando por el parque. Nos dimos una merienda campestre de las que nos gustan a todos y no salen caras y seguimos con la visita a esta bonita localidad francesa. 

Lo siguiente que hicimos fue un paseo en barca de los "coches d'eau". Fue inolvidable. Mi chico se mareó y casi tuvimos que ir al hospital. Menos mal que tras unos minutos en tierra, tras habernos apeado de la barca recobró el color. Metía miedo. 

Una vez recuperado el padre de familia, nos acercamos hasta el Museo Goya. Me encantan los cuadros de Goya. Son carísimos. 

Acabamos la visita tomando alto en un bar de La Plaza de Jean Jaurès. Esta plaza me recordó mucho a la Place du Capitole de Toulouse. 

Os recomiendo visitar Castres, un pueblo francés con buenos restaurantes. Puedes comer muy bien por poco precio. Castres es sin duda una les meilleurs villages de France, como califican los franceses a sus pueblos para hacerlos más atractivos a los turistas. Nuestros vecinos franceses venden mucho mejor sus localidades rurales que nosotros. 

Como os dije, la zona que es muy recomendable visitar es la más histórica, donde están las casas del río. Son casas humildes, pero están muy bien conservadas, con sus fachadas pintadas de distintos colores sin alejarse del estilo discreto y elegante que tiene todo el pueblo. No les notas nada de humedad en las paredes.





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Hay pueblos en Francia muy interesantes para apartarse del mundanal ruido y hoteles en esos pueblos que merecen mucho la pena. Tal es el caso del Hotel TerraNostra, Tarascon-sur-Ariège en el que estuve con mi chico pasando unos días mientras él hacía negocios por la zona. Lo pasamos muy bien. El hotel me gustó más por dentro que por fuera. Su fachada es la de una casona grande de la Francia rural. Los interiores, en cambio, son mucho más modernos. Tenía algunas estancias que me recordaban los muebles de las tiendas Ikea. 

Nos dieron una habitación amplia, luminosa, con una buena cama de matrimonio y un colchón que invitaba a dormir. Me comentó la camarera de piso que los muebles eran de diseño. Lo serían, pero no parecían muy caros. Lo que más me gustaba era que se veían nuevos. A mí me gusta que el mobiliario se vea recién comprado. No soy de antigüedades. 

El cuarto de baño sí que era muy de diseño. Sanitarios originales, todo muy limpio y geles y champúes más que suficientes para dos personas. El secador de pelo no estaba atado. En los hoteles franceses no deben tener miedo de que los huéspedes les marchen con los secadores de pelo. 

Este hotel te sale muy bien de precio. Por el parking, por ejemplo, no te cobran ningún extra. El parking está al lado del hotel. Es amplio, lo cual agradecemos muchos los que no somos muy duchos a la hora de aparcar automóviles, como es mi caso. Yo en un aparcamiento pequeño ya no meto el coche. 

Os recomiendo el Hotel TerraNostra, Tarascon-sur-Ariège. Es un hotel que está muy limpio, que es cómodo y que tiene un personal muy amable. Os aconsejo también pedir una habitación con vistas al río, como la nuestra. Son las mejores habitaciones. Desde las ventanas de nuestra habitación se veían las montañas de los alrededores.

Mis viajes baratos baratísimos



Booking.com es la web que necesitas si te gusta viajar a los mejores precios. Siempre encuentras ofertas interesantes en todo tipo de alojamientos. Yo soy una usuaria habitual de esta página. Gracias a ellos he conseguido ahorrar mucho dinero en mis viajes de negocios y de placer. 

Esta web tiene un buscador muy rápido. Metes las fechas del viaje, señalas el tipo de alojamiento que te interesa y te sale un listado con los precios más baratos. Es lo que más me gusta de Booking.com: sus buenos precios. 

Yo me he suscrito a Booking.com para conseguir mejores ofertas. Hay una gran diferencia entre las ofertas que tienen disponibles para todo el mundo y las que están reservadas para los suscriptores. 

Os recomiendo inscribiros en Booking.com,una web que tiene muchas ventajas para la gente viajera. No sólo encuentras hoteles. También puedes encontrar casas que se alquilan en los lugares más famosos para pasar unas vacaciones en familia o sin familia. Yo he encontrado varias casas rurales que merecían mucho la pena gracias a Booking.com. 

Cuando recurro más a Booking.com es cuando viajo sola. Suelo viajar sola por negocios y es cuando miro más el precio de los alojamientos. Voy en plan ahorro total. 

Booking.com es una web muy fácil de usar. Su funcionamiento es muy intuitivo. Lo que no os aconsejo es dejaros llevar por las ofertas que tienen resaltadas. Es mejor ir directa al buscador y olvidarte de las supuestas gangas. Yo tengo comprobado que se encuentran mejores precios a través del buscador que pinchando los anuncios de precios especiales. 

Los hoteles que aparecen en Booking.com tienen muchas fotos. Puedes hacerte una idea de lo que te vas a encontrar. Pero no te ilusiones mucho. Yo he encontrado de todo: desde el hotel que es tal cual aparece en las fotografías hasta el hotel que no se parece en nada a las fotos que colgaron los de Booking.com.

viernes, 7 de octubre de 2016

Mis vacaciones en los castillos de España



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El Parador de Zamora no fue un parador que me haya gustado demasiado. Era muy tranquilo para mi gusto. Me sentí como si regresara a la Edad Media. No era para menos porque este Parador ubicado en la Plaza de Viriato, 5 es un palacio renancentista del siglo XV. 

La decoración es muy de su época. Mi chico disfrutó mirando los tapices nobiliarios, las armaduras y los arcos que había por todas partes. Las armaduras le encantaron. Todos los hombres son muy bélicos. A mí, en cambio, me daban miedo. Soy una pacifista convencida. 

Lo que llevé peor fue dormir en una cama de dosel. No me gustan esas antigüedades. Prefiero las camas más normales. Encima ni siquiera puedo decir que fuera una cama cómoda. Lo mejor de la habitación eran sus vistas a la ciudad de Zamora. 

No creo que vuelva. Me pareció demasiado tranquilo para mi gusto. Menos mal que este Zamora Parador alberga un gimnasio con sauna que está bastante bien. A mí me sirvió para entretenerme mientras mi chico asistía a sus reuniones de negocios. También pasé mucho tiempo en las tumbonas que había al lado de la piscina que está en el jardín exterior. La piscina estaba bastante limpia, pero yo no soy de nadar en piscinas.

No os recomiendo ni os dejo de recomendar el El Zamora Parador. No es un sitio muy recomendable para la gente a la que nos va la marcha. Allí todo es tranquilidad. Lo que no está nada mal es la comida que sirven en el restaurante del Parador. Las presas de ternera estaban muy bien y el rebojo zamorano me pareció delicioso. 

Lo que no te deja indiferente en este parador es su patio interior. Es espectacular con sus corredores y escudos heráldicos, sobre todo de noche, cuando lo iluminan. 

El personal es muy amable. Cuando estuvimos nosotros estaban siempre limpiando la zona de la piscina. La limpieza es muy completa en este Parador de Zamora.




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Estuve en el Parador de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) con unas amigas y quedé bastante contenta. Digo sólo bastante porque, cuando me contaron que aquel edificio había sido en el siglo XII un hospital se me vino la alegría abajo. Soy de esas personas que huyen de los hospitales, estén en funcionamiento o hayan sido reciclados en otros negocios. 

No estaba mal. Los que hicieron la remodelación tuvieron el acierto de conseguir una óptima combinación de calidad, lujo, confort con el estilo señorial que en otros tiempos tuvieron sus salones y habitaciones. Debió de ser un hospital para ricos. Mis amigas decían que no, que allí se hospedaban muchos peregrinos que hacían el Camino de Santiago. Serían peregrinos ricos. 

Me dieron una habitación con cama con semidosel. No estaba mal. Era amplia, luminosa, con una cama cómoda y unos sillones más mullidos que los que tiene mi madre en su casa de campo. En el Parador de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) todo está pensado para que te sientas como en un palacio. 

Lo que más me gustó del Parador de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) fue el vestidor. Era espectacular con sus arcos góticos, sus pilares de piedra y un artesonado de madera que no se veía nada apolillado. Los restauradores de aquellas maderas viejas fueron unos artistas. 

Mis amigas y yo nos quedamos a comer en el restaurante del parador. Se come muy bien. Tienen unos pimientos de piquillo deliciosos y de la menestra de verduras de la Ribera ni os hablo. Estaba que te chupabas los dedos, y mira que yo no soy nada de verduras. No debes perderte tampoco el bacalao a la riojana. Lo preparan muy rico. Mis amigas se pusieron hasta las cejas de vinos de la Rioja. En el restaurante del Parador tienen una carta muy amplia. Yo me contenté con agua mineral. Había ido a Santo Domingo de la Calzada a una reunión de trabajo y no era cuestión achisparme.




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Lo que más me llamó la atención en Toro (Zamora) son los buenos vinos que venden en sus bares. Te puedes tomar una borrachera de vino de calidad, como decía mi chico, pero es mejor beber sólo lo justo, sobre todo si vas a conducir. El vino siempre se sube a la cabeza sea bueno o menos bueno. 

Nosotros fuimos en coche. Es la mejor manera de llegar a esta ciudad castellana y disfrutarla sin prisas. Llegamos por la autovía A11, y atravesamos una zona de viviendas modernas. Por allí dejamos el coche. Fuimos andando hasta el Arco de Toro, también conocido como ‘Arco de Corredera’. Este arco lo conocía del logotipo de la Denominación de Origen Toro. 

Cuando dejamos atrás este arco llegas a la parte más medieval o renacentista de la ciudad, donde hay edificios que han restaurado conservando bastante bien el estilo original. 

Lo pasamos bien recorriendo este pueblo caminando y disfrutando de sus rincones variopintos y de su gastronomía. Es una ciudad perfecta para hacer una escapada romántica con tu chico lejos del mundanal ruido. Nosotros fuimos solos. El romanticismo con críos de por medio no es posible. 

Os recomiendo visitar Toro. A mí me encantaron unas casonas medievales y renacentistas en estilo mudéjar,uno de los estilos más tradicionales de la antigua corona de Castilla. Mi chico se empeñaba en darme clases de arte, pero yo no estoy nunca para mucho arte. Para mi una casa es bonita o menos bonita y no me importa mucho ni el arquitecto ni el siglo en el que la hayan construido. 

Nosotros no fuimos a ver iglesias. Preferimos ver castillos. Fuimos a ver dos. El primero fue el Castillo de Villalonso, uno de los mejor conservados de la zona de Toro. Mi chico entró por un hueco que había por debajo de la puerta. Yo me quedé fuera. No soy tan valiente. Me contenté con contemplar las almenas, que están en buen estado y mirar el foso. 

Finalmente fuimos al Castillo de Tiedra, mucho más pequeño que el anterior y estaba en obras, pero nos dejaron entrar. Yo no subí. Había una torre a la que subías por unas escaleras de madera que me daban miedo.