Perfumes para nosotras

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Un olor distinto para cada momento

lunes, 24 de octubre de 2016

Mis vacaciones medievales con mi marido



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Los grandes jefazos siempre vivieron bien. Es lo que pienso siempre que visitamos la Alhambra de Granada, un palacio musulmán de otros tiempos en el que no me importaría quedarme a vivir con mi familia. 

La mejor manera de llegar a la Alhambra de Granada es en autobús. Ir andando te mata porque la cuesta es como para pensarlo dos veces. Meter un coche privado por la zona de la Alhambra es complicarte la vida y, cuando vas en plan turista, no estás para complicaciones sino para disfrutar de los sitios que visitas. 

Esta última vez hicimos una visita nocturna con las niñas aprovechando que nos salía casi a mitad de precio. No es lo mismo pagar ocho euros que catorce euros por cabeza. Las visitas las cobran muy caras. Yo volvería a ir de noche porque fue toda una experiencia. Me sentí como una princesa turca. 

No pudimos pararnos mucho en los jardines porque a mis hijas les dieron unos ataques de miedo que nos contagiaban todos sus temores. Por eso entramos directamente al Generalife, que fue el palacio que utilizaban los reyes musulmanes como lugar de descanso y de placer. Es un edificio rodeado de jardines. Mi chico quería hacer fotos en los jardines bajos. Fue imposible. Las niñas lloraban como si las matáramos. Se calmaron dentro palacio del Generalife. Mi chico les explicó a las crías que en el patio de la acequia se encuentra la arteria que suministra agua al complejo arquitectónico y, con tanta clase de arquitectura, se les fue quitando el miedo. 

Yo quedé prendada con el mirador romántico, un edificio de estilo neogótico y no pude perderme los jardines altos, que tienen unas vistas estupendas ni el paseo de las Adelfas, un camino de tierra cubierto por una bóveda de flores, que enlaza con el paseo de los Cipreses. 

Os recomiendo visitar La Alhambra de noche. Es una experiencia distinta. Espero repetirla, pero sin niñas. Los críos le quitan todo el romanticismo a la visita.




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Estuvimos en el Hotel Princesa Kristina, Covarrubias un par de días por la boda de unos amigos nuestros y quedamos bastante contentos con el trato recibido en este hotel decorado con el mismo estilo medieval que tiene Covarrubias en la mayor parte de sus calles. No es la decoración rústica mi decoración favorita, pero, cuando tienes todas las comodidades igual que en tu casa, no le das tanta importancia a una cama estilo casa de mi abuelita. 

Nos dieron una de las mejores habitaciones, una habitación amplia, con suelos de tarima de madera, con techo alto y una zona de salita que nos vino muy bien porque no nos sobraba el espacio para cuatro personas. Había habitaciones peores. Las del último piso, por ejemplo, tenían el techo tan bajo que dabas con la cabeza casi en las tablas. Este hotel es muy rural, con muchos techos de madera. 

El cuarto de baño, en cambio, estaba muy bien, pero estaría mejor si no le hubieran puesto unas paredes de mármol gris triste. Una de las paredes la tenía en piedra descubierta para que tuviera también su toque rural. La bañera era espectacular: grande y con patitas; de las que ves en las películas. 

Desayunamos en el hotel a primera hora porque nos dijeron que antes de las nueve de la mañana había pan recién horneado y también porque necesitaba el tiempo para arreglarme para la boda de mi amiga. Las sesiones de peluquería para recogidos de pelo llevan su tiempo. Nos gustó mucho el pan. Mi chico ya no comió otra cosa. Yo me metí dos bollos tipo bollos de leche que me quitaron el hambre para el resto del día. 

Os recomiendo el Hotel Princesa Kristina, Covarrubias, un hotel rural acogedor en el que te dan un trato familiar. Te sientes como en la casa de esa tía que recibe a los sobrinos con los brazos abiertos.




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El Parador de Segovia es un parador muy tranquilo porque está a las afueras de Segovia, en la finca El Terminillo, situada en la carretera de Valladolid. Nosotros pasamos unos días en este parador con las niñas para alejarnos del mundanal ruido y así poder trabajar en nuestros negocios online con tranquilidad. 

Nos gustó mucho. Este parador tiene unas vistas preciosas. No me extraña que lo llamen el mirador de Segovia. Desde las ventanas de nuestra habitación se veía toda la ciudad. 

Tuvimos la gran suerte de que no estaba muy concurrido. El fin de semana pasado, en cambio, estuvo mi hermana y estaba hasta los topes. Había una reunión de empresarios en su centro de convenciones. El Parador de Segovia tiene varios Salones de Congresos. 

Nosotros nos quedamos a comer y a cenar. En su restaurante te ponen mucha gastronomía de la zona. A mi marido le chiflaron los judiones de La Granja. Mis hijas se comieron la sopa castellana sin protestar. En casa no la hubieran ni olido. Son muy de comer fuera todo y en casa nada. Yo me puse hasta las cejas con un asado de cordero a mediodía y con el cochinillo asado en horno de leña en la cena. Hacía tiempo que no metía tantas proteínas entre pecho y espalda. Dicen que no es bueno comer tanta carne, pero a mí me sentó de cine. 

El Parador de Segovia es bastante moderno, pero podría serlo más. Por ejemplo, la decoración de las habitaciones me pareció muy seria. Yo esperaba algo más informal tras ver la fachada, una fachada de un edificio no antiguo que invitaba a unos interiores más modernos. 

Nuestra habitación era muy espaciosa. la cama era espectacular. Podíamos dormir los cuatro juntos y sobraba espacio. En una esquina había una mesa camilla con unos sillones a modo de salita de estar. Justo al lado estaba la pequeña terraza desde donde veías todos los alrededores. 

Los jardines estaban bien cuidados, pero no eran lujosos. La piscina estaba climatizada. Podías nadar en pleno invierno. También tenían spa, pero no fuimos. Estábamos en plan ahorro. 

Os recomiendo el Parador de Segovia. Está muy bien para pasar unos días en el campo sin alejarte de una ciudad en la que encuentras muchas tiendas interesantes para gastar tu sueldo en dos días si no miras las facturas.