viernes, 7 de octubre de 2016

Mis vacaciones en los castillos de España



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El Parador de Zamora no fue un parador que me haya gustado demasiado. Era muy tranquilo para mi gusto. Me sentí como si regresara a la Edad Media. No era para menos porque este Parador ubicado en la Plaza de Viriato, 5 es un palacio renancentista del siglo XV. 

La decoración es muy de su época. Mi chico disfrutó mirando los tapices nobiliarios, las armaduras y los arcos que había por todas partes. Las armaduras le encantaron. Todos los hombres son muy bélicos. A mí, en cambio, me daban miedo. Soy una pacifista convencida. 

Lo que llevé peor fue dormir en una cama de dosel. No me gustan esas antigüedades. Prefiero las camas más normales. Encima ni siquiera puedo decir que fuera una cama cómoda. Lo mejor de la habitación eran sus vistas a la ciudad de Zamora. 

No creo que vuelva. Me pareció demasiado tranquilo para mi gusto. Menos mal que este Zamora Parador alberga un gimnasio con sauna que está bastante bien. A mí me sirvió para entretenerme mientras mi chico asistía a sus reuniones de negocios. También pasé mucho tiempo en las tumbonas que había al lado de la piscina que está en el jardín exterior. La piscina estaba bastante limpia, pero yo no soy de nadar en piscinas.

No os recomiendo ni os dejo de recomendar el El Zamora Parador. No es un sitio muy recomendable para la gente a la que nos va la marcha. Allí todo es tranquilidad. Lo que no está nada mal es la comida que sirven en el restaurante del Parador. Las presas de ternera estaban muy bien y el rebojo zamorano me pareció delicioso. 

Lo que no te deja indiferente en este parador es su patio interior. Es espectacular con sus corredores y escudos heráldicos, sobre todo de noche, cuando lo iluminan. 

El personal es muy amable. Cuando estuvimos nosotros estaban siempre limpiando la zona de la piscina. La limpieza es muy completa en este Parador de Zamora.




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Estuve en el Parador de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) con unas amigas y quedé bastante contenta. Digo sólo bastante porque, cuando me contaron que aquel edificio había sido en el siglo XII un hospital se me vino la alegría abajo. Soy de esas personas que huyen de los hospitales, estén en funcionamiento o hayan sido reciclados en otros negocios. 

No estaba mal. Los que hicieron la remodelación tuvieron el acierto de conseguir una óptima combinación de calidad, lujo, confort con el estilo señorial que en otros tiempos tuvieron sus salones y habitaciones. Debió de ser un hospital para ricos. Mis amigas decían que no, que allí se hospedaban muchos peregrinos que hacían el Camino de Santiago. Serían peregrinos ricos. 

Me dieron una habitación con cama con semidosel. No estaba mal. Era amplia, luminosa, con una cama cómoda y unos sillones más mullidos que los que tiene mi madre en su casa de campo. En el Parador de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) todo está pensado para que te sientas como en un palacio. 

Lo que más me gustó del Parador de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) fue el vestidor. Era espectacular con sus arcos góticos, sus pilares de piedra y un artesonado de madera que no se veía nada apolillado. Los restauradores de aquellas maderas viejas fueron unos artistas. 

Mis amigas y yo nos quedamos a comer en el restaurante del parador. Se come muy bien. Tienen unos pimientos de piquillo deliciosos y de la menestra de verduras de la Ribera ni os hablo. Estaba que te chupabas los dedos, y mira que yo no soy nada de verduras. No debes perderte tampoco el bacalao a la riojana. Lo preparan muy rico. Mis amigas se pusieron hasta las cejas de vinos de la Rioja. En el restaurante del Parador tienen una carta muy amplia. Yo me contenté con agua mineral. Había ido a Santo Domingo de la Calzada a una reunión de trabajo y no era cuestión achisparme.




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Lo que más me llamó la atención en Toro (Zamora) son los buenos vinos que venden en sus bares. Te puedes tomar una borrachera de vino de calidad, como decía mi chico, pero es mejor beber sólo lo justo, sobre todo si vas a conducir. El vino siempre se sube a la cabeza sea bueno o menos bueno. 

Nosotros fuimos en coche. Es la mejor manera de llegar a esta ciudad castellana y disfrutarla sin prisas. Llegamos por la autovía A11, y atravesamos una zona de viviendas modernas. Por allí dejamos el coche. Fuimos andando hasta el Arco de Toro, también conocido como ‘Arco de Corredera’. Este arco lo conocía del logotipo de la Denominación de Origen Toro. 

Cuando dejamos atrás este arco llegas a la parte más medieval o renacentista de la ciudad, donde hay edificios que han restaurado conservando bastante bien el estilo original. 

Lo pasamos bien recorriendo este pueblo caminando y disfrutando de sus rincones variopintos y de su gastronomía. Es una ciudad perfecta para hacer una escapada romántica con tu chico lejos del mundanal ruido. Nosotros fuimos solos. El romanticismo con críos de por medio no es posible. 

Os recomiendo visitar Toro. A mí me encantaron unas casonas medievales y renacentistas en estilo mudéjar,uno de los estilos más tradicionales de la antigua corona de Castilla. Mi chico se empeñaba en darme clases de arte, pero yo no estoy nunca para mucho arte. Para mi una casa es bonita o menos bonita y no me importa mucho ni el arquitecto ni el siglo en el que la hayan construido. 

Nosotros no fuimos a ver iglesias. Preferimos ver castillos. Fuimos a ver dos. El primero fue el Castillo de Villalonso, uno de los mejor conservados de la zona de Toro. Mi chico entró por un hueco que había por debajo de la puerta. Yo me quedé fuera. No soy tan valiente. Me contenté con contemplar las almenas, que están en buen estado y mirar el foso. 

Finalmente fuimos al Castillo de Tiedra, mucho más pequeño que el anterior y estaba en obras, pero nos dejaron entrar. Yo no subí. Había una torre a la que subías por unas escaleras de madera que me daban miedo.