sábado, 17 de diciembre de 2016

Mis vacaciones divertidas entre adultos



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El Torre Azul, El Arenal, en Mallorca es un hotel muy de sol y playa, perfecto para pasar unas animadas vacaciones en pareja. Es un hotel que no admite niños, es sólo para adultos. 

A nosotros nos dieron una habitación amplia, luminosa, decorada en tonos pastel y con una terraza bastante grande. Pasé horas en la terraza. Era el sitio más tranquilo para leer. La cama era inmensa, pero algo dura. El cuarto de baño estaba igual de bien que la habitación: sanitarios modernos, ducha con mampara y toallas limpias en abundancia. El secador de pelo funcionaba bien. Los geles y champús eran más que suficientes. 

Me encantó este hotel que está en una zona de marcha de la isla. Por la mañana todos van a la playa, a los chiringuitos y de compras por las tiendas de recuerdos. Por la noche tocan restaurantes y discotecas. No te aburres. Lo malo son los precios. Te cobran como si fueras una alemana millonaria. 

Sólo estuvimos dos días. De estar más días tendríamos que acabar pintando a los transeúntes como los pintores que había en la calle. Se ganaban muy bien la vida. Había un señor que hacía unas pulseritas con las iniciales de los clientes que se forraba. 

Os recomiendo este hotel, sobre todo su spa. Te dejan nueva en sus piscinas y con sus tratamientos de belleza. la sauna también estaba muy bien. Era más grande de lo que yo esperaba. 

En el hotel hay comida tipo buffet durante todo el día. Lo tienen todo muy bien colocado. Por ejemplo, si quieres verduras, vas a la sección de verduras y te pones verde. No tienes problemas si eres vegetariana. Yo no lo soy, pero esos días estaba haciendo una de mis dietas de verduras. 

La decoración del hotel es muy inglesa. Aún así, se ve un hotel bastante moderno. Es un hotel del año 1968 que ha sido reformado hace poco tiempo. 

Lo que no os recomiendo es alquilarles un coche. Te lo cobran caro. La desventaja de este hotel son sus precios elevados y los suplementos que te cobran hasta por la conexión wi fi.




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La Ruta de los Pueblos Negros, Guadalajara, es perfecta para hacer senderismo en plena naturaleza, pero no es tan perfecta para las personas a la que nos gusta el turismo con más vidilla. Yo fui con mi chico, las niñas y mis cuñados y no creo que vuelva. Es una ruta demasiado rural para mi gusto urbanita. 

Lo que tienen en común los pueblos por los que discurre la ruta son sus casas, todas con los tejados de pizarra negra más algunos muros y paredes negras o con algún toque de este fúnebre color. Son casas tristes en las que vive gente mayor. Nosotros hicimos la ruta en un solo día. Fuimos en coche parando en cada uno de los pequeños pueblos. En algunos por haber no había ni un bar para tomar un refresco. 

El pueblo que más me gustó fue Valverde de los Arroyos, un pueblo con una Plaza Mayor interesante y unas calles con un pavimento, también de pizarra, en el que se te van los pies. Mis hijas casi se me matan. Tenía que llevarlas bien sujetas para que no acabaran en el suelo. Yo tuve que poner unas bailarinas que llevaba en el maletero del coche porque ir con zapatos de tacón es todo un riesgo. 

Este pueblo tiene un par de iglesias, una de ellas al lado del cementerio. Nosotros no entramos en las iglesias. Mi marido quiso ir a ver las chorreras de Despeñalagua, una especie de cascadas de agua más congelada que la comida de mi congelador. 

Hubo pueblos que ni paramos. Otros pueblos fueron inolvidables para mí, por ejemplo, Campillejo. No es más que una aldea, pero mi cuñada se empeñó en comprar una casa vieja que había a precio tirado, anotó el número de teléfono y quedó con los propietarios para verla. Al final no hubo compra. Todo un alivio para mí. No me imagino yendo a ver a mis cuñados y a mis sobrinos a una aldea perdida de Guadalajara por muy famosa que sea gracias a la Ruta de los Pueblos Negros. 

En todo caso, os recomiendo esta ruta. Yo no me imaginaba que hubiera en la Castilla profunda tantas casitas tristes. Deberían pintarlas de blanco para darles algo de alegría a aquellas paredes que parecían construidas por los Celtas. 

Nuestra ruta acabó con un paseo en coche por Campillejo, El Espinar y Campillo de Ranas y Majaelrayo, al pie del famoso Ocejón. Desde la cima se tiene una amplia vista de la provincia de Guadalajara y de la capital. También pasamos por Roblelacasa y Robleluengo, uno de los conjuntos de edificios de pizarra más cuidadosamente conservados de la ruta. Se notaba que eran casas de gente más pudiente.