martes, 23 de agosto de 2016

Mis vacaciones salvajes en Mallorca



La Cala Deiá, Palma de Mallorca me pareció sencillamente de postal. Es preciosa. Estuve por allí con mi marido en uno de nuestros viajes románticos. Es una cala apartada del mundanal ruido y sin hoteles cerca. Parece imposible que esté en Mallorca, donde abunda cada día más el ladrillo por todas partes. Esta cala es naturaleza salvaje. 

Lo malo es que llegar a la Cala Deiá, Palma de Mallorca supone un viaje de coche que a mí se me hizo largo. Mi marido quería ir porque le habían contado maravillas de la cala, pero no creo que vuelva. Me niego a volver a andar una hora larga tras dejar el coche en la carretera. Mi marido es muy andador, pero servidora no, y menos en unas sandalias con taconazo. Cuando llegamos a la cala, me tiré en la arena por pura necesidad. Estaba muerta de mis pies doloridos. 

No me extraña que la playa sea de las más tranquilas de todo el archipiélago. Pocos se apuntan al viaje en coche y a una hora larga de caminata para llegar al fabuloso arenal. Nosotros pasamos toda la tarde. Necesité el tiempo para reponerme de lo que había andado y para mentalizarme a volver a andar como una peregrina. 

El agua estaba cristalina. Tenía que estarlo porque por allí no había un alma viva. Estuvimos solos. Tan solos estábamos que pudimos practicar nudismo sin problemas. Mi santo decía que estaba prohibido desnudarse. Estaría, pero, al no haber nadie, se podía quedar una sin bikini. Estabas más sola que en tu casa cuando no hay nadie. 

Os recomiendo la Cala Deiá, Palma de Mallorca. Es bonita y estarás sola. Me parece una cala perfecta para enamorados un tanto hippys. Os recomiendo también no ir con taconazos. El camino es para calzado de hacer senderismo, no para calzado de ir de boda. A mí los tacones casi me destrozan los pies para el resto de mis días.