martes, 20 de septiembre de 2016

Mis vacaciones con encanto en Spain



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El Parador de Zamora es un palacio con cierto encanto. Lo han modernizado lo suficiente como para que te sientas cómoda, pero no han renunciado a conservar sus características de otros tiempos. Así vemos techos de madera en estancias comunes y habitaciones, suelos de madera, muebles con un toque de anticuario que se mezclan con buenos televisores de plasma en habitaciones grandes y bien iluminadas por la luz exterior. 

La habitación que nos dieron a nosotros era enorme. Estuvimos comodísimos. Para mí el espacio es muy importante. Siempre digo que el éxito de matrimonio está en que vivimos en un dúplex grande. 

Este palacio rencentista del siglo XV es muy recomendable. Me gustó. Tiene una piscina exterior grande, no está muy concurrido por los turistas y es tranquilo a más no poder. A mi chico le gustó todavía más que a mí. Le encanta la arquitectura medieval, las armaduras, los tapices, las camas con dosel y todo el mobiliario antiguo. Nuestra cama no era de dosel. Menos mal. Yo prefiero camas más normales. 

Nos quedamos a comer y cenar en el restaurante del parador. Se come bien. Las presas de ternera estaban deliciosas y lo mismo puedo decir del rebojo zamorano. Apuestan mucho por los platos locales. 

El Parador de Zamora es muy recomendable para pasar unos días alejada del mundanal ruido. Está todo muy limpio y muy cuidado y el personal es bastante amable. Tiene estancias que me gustaron más que otras. La que menos me gustó fue el patio interior. De día podía pasar, pero de noche metía miedo. Mirabas hacia arriba y, con la iluminación que tenía, parecía la casa de Drácula. Yo hubiera puesto alguna vidilla en el patio con árboles pequeños y flores. Al estar tan desnudo carecía de encanto. Tampoco eran muy de mi gusto algunos pasillos en los que encontrabas escudos en relieve en las paredes. Me recordaban las guerras del pasado.




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Los romanos fueron tan listos que hasta encontraron oro en León. Me refiero a Las Médulas, unas minas de oro que hoy en día están rodeadas de una vegetación digna de una selva. Casi me sorprendió que hubiera tantos turistas visitándolas cuando fuimos nosotros. Yo agarré a mis hijas de las manitas porque temía que se me perdieran entre tanto árbol salvaje. 

Iniciamos la visita en el aula arqueológica, donde te dan toda la información habida y por haber sobre el funcionamiento de la extracción de oro y la importancia de estas minas en su momento. Le dieron trabajo a mucha gente. 

Estas minas no funcionaron durante mucho tiempo. Sólo estuvieron en funcionamiento unos cien años. El oro pronto se acaba. Es una pena. 
Los paisanos de la zona descendientes de los que en el siglo I de nuestra era se ganaron la vida sacando oro de la tierra, se quedaron con el resultado de un los movimientos de tierras y aguas cambiaron por completo el paisaje, hasta el punto de que originaron un lago, el lago de Carrucedo. 

Os recomiendo visitar las Médulas. Es como ir a una clase de Historia in situ. Una cosa es leer algo sobre las Médulas en un libro de texto y otra cosa es ver el desastre que hicieron en el paisaje local. Yo creo que aquello fue más bonito antes de que a los romanos del Imperio se les diera por buscar oro debajo de aquellas tierras. 

Os aconsejo también ir hasta el Mirador de la Orellán, situado en el pueblo del mismo nombre, es impresionante, y desde allí hay unas vistas preciosas de Las Médulas. Nosotros fuimos por una de las rutas que recorren el antiguo yacimiento, hoy un parque cultural muy visitado. Nos apuntamos a una que organiza el Centro de Recepción de Visitantes.Mi chico quería ir por su cuenta, pero le dije que ni hablar. Él no conocía la zona y podíamos perdernos la familia entera. Sería un disgusto para nosotros y para el resto de los familiares.




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Tuve la suerte de ver las Cuevas de Altamira cuando no tenían las visitas restringidas y no puedo decir que me parecieran para tanto. Fui con mi hermana la primera vez. La segunda vez fui con mi chico. Todavía estábamos solteros. 

Estas cuevas no son muy grandes. Yo me esperaba encontrar algo mucho más amplio. Sentí agobio allí dentro. La cueva es de trazado irregular y sólo tiene 270 metros de longitud. Consta de un vestíbulo, una galería más pequeña que una habitación de hotel y la sala lateral que debieron utilizar en su día para guardar cosechas. Dentro está lo que se considera el arte rupestre prehistórico. Los dibujos tienen unos 14.000 años de antigüedad y representan todo tipo de animales de la época: bisontes, ciervos, jabalíes, caballos... Yo no me creo mucho que sean de esa época. Parecen dibujos hechos por algún listo que quiso promocionar su tierra. Me refiero al descubridor de las cuevas. Los dibujos están pintados con pinturas ocres naturales de color rojo y ribeteadas en negro. 

He ido también a ver la Neocueva del Museo de Altamira. En esa cueva han hecho los mismos dibujos empleando los mismos procedimientos pictóricos. Por ejemplo, el gran techo de los bisontes polícromos es idéntico. En la nueva cueva tienen un taller donde te explican las técnicas empleadas en esta obra famosa del arte rupestre. 

Os recomiendo ir a ver las Cuevas de Altamira. Seguro que no te dejan ver la vieja, pero puedes ver la nueva. Es idéntica. Yo siempre digo que las pinturas no las pintaron los paisanos de Adán y Eva sino un espabilado que se montó el negocio muy bien montado. Mi chico y mi hermana, en cambio, piensan que fueron los hombres primitivos los que hicieron los dibujos con sus propios dedos. Tienen más imaginación que servidora. 

En todo caso, los dibujos son bonitos. Te valen para enseñarles a los niños los animales que no conocen.




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El Parador de Santillana Gil Blas (Santillana del Mar, Cantabria) está muy bien para pasar unos días tranquila lejos del mundanal ruido. Es una casa solariega construida entre los siglos XVII y XVIII que está en la plaza Ramón Pelayo de Santillana del Mar. 

A mí no me gustó mucho. Ver techos con vigas de madera por toda la casa no me va. Encima alguna araña había hecho sus telarañas entre las vidas de la habitación que nos tocó. Tuve que pedir una escoba para limpiar yo misma aquel techo. Mi chico se partía de risa. Siempre le hace mucha gracia mi obsesión con la limpieza. 

Menos me gustaron las estancias comunes. Me sentía como en la casa de mi primera antepasada. Había un saloncito con un armario de esos que tenían todas las casas de la aldea antiguamente. Las mesas y sillas también eran de casa de abuela. 

Los mismos muebles antiguos encontrabas en las habitaciones. La nuestra tenía una cama que parecía salida de una tienda de antigüedades. Peor era el televisor. ¿Qué les costaría comprar unos televisores de plasma aceptables? Pues no, seguían con los televisores antiguos antiquísimos. Ni siquiera lo encendimos. 

Mi marido se empeñó en comer en el restaurante del parador. No servían unas comidas aptas para estómagos delicados como el mío. Mi chico se puso hasta las cejas de cocido montañés, merluza en salsa a la cántabra, almejas de Pedreña y todos aquellos platos que eran un canto al colesterol. Yo me alimenté de dulces. Los sobaos estaban deliciosos y lo mismo puedo decir de la quesada pasiega. 

No os recomiendo ni os dejo de recomendar el Parador de Santillana Gil Blas (Santillana del Mar, Cantabria). Hay paradores mucho mejores. A mí me gustan los que son tipo castillo y tienen las comodidades a las que estoy acostumbrada. Este parador de Santillana del Mar es demasiado rústico para mi gusto. Ni siquiera puedo decir que me guste su fachada. Demasiado sobria para mi gusto.