lunes, 5 de septiembre de 2016

Mis vacaciones lujosas en México



Cuando llegas al Best Western Majestic Hotel, Ciudad de México esperas encontrarte con unas habitaciones espectaculares porque la zona de recepción es tan espectacular como la fachada del edificio. Nada tienen que ver con las habitaciones simplonas. 

La nuestra era una habitación grande, con dos camas tan sencillas que parecían de las rebajas de Ikea. Las colchas eran vistosas, cosa bastante común en los hoteles mexicanos. Se nota que les gusta el colorido en los tejidos de la ropa de cama. 

No me gustó la tremenda cristalera que tenía nuestro cuarto. Entraba la luz a raudales y casi no podías dormir de noche. Había un balcón minúsculo que ventilaba muy bien la estancia cuando abrías la puerta-ventana. 

El televisor era antiguo. Yo pensé que los televisores viejos ya no existían en ningún país. En este hotel de México hay para dar y regalar. Nosotros ni lo encendimos. 

En el suelo había moqueta marrón. No me gustó. La moqueta, por limpia que esté, siempre me da sensación de asquito. Prefiero los suelos de baldosa. 

El Best Western Majestic Hotel, Ciudad de México no me gustó nada. Quitando su buena ubicación, todas son desventajas. El ascensor es más que antiguo. Yo bajaba y subía por las escaleras de caracol. El ascensor funcionaba de manera rarísima y era más lento que una tortuga. subiendo por las escaleras llegaba antes que mi marido, quien sí se apuntó a las subidas y bajadas en aquel ascensor que merecía estar en un museo de trastos antiguos. 

No os recomiendo este hotel. Hay hoteles mejores en ciudad de México. Este hotel engaña: por fuera lo ves muy majestuosos y por dentro es como una pensión española. Encima la limpieza brillaba por su ausencia. tuve que limpiar el cuarto de baño a fondo. Había cucarachas. Casi me muero de asco. La habitación también la limpiamos entre yo y mi marido. Con tanta limpieza que tuvimos que hacer, nuestras vacaciones se convirtieron en días de trabajo.