lunes, 9 de enero de 2017

Mis vacaciones en los mejores palacios de España



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Uno de los paradores que más me gustan es el Parador de Cañadas del Teide que está en la isla de Tenerife. Es un lujo poder alojarse en el mismísimo Parque Nacional del Teide y tener unas vistas espectaculares del Pico del Teide que queda a unos tres kilómetros del parador. 

Yo estuve en esta única edificación que hay dentro del Parque Nacional del Teide con mi chico y mis hijas. Nos dieron una habitación con una cama de matrimonio tan grande que cabíamos toda la familia en la misma cama. Fue una pena que el colchón fuera tan duro. Casi me acaba con la espalda. 

En la habitación había un escritorio amplio, perfecto para que mi chico y servidora pudiéramos trabajar con los portátiles sin pelearnos por la falta de espacio. Nos dejaron un buen televisor de plasma. Los suelos de la habitación eran de tarima de madera. Todo estaba muy limpio y falta hacía que lo tuvieran limpio porque el parador admite mascotas, cosa que a mí no me gusta nada. 

El cuarto de baño era muy masculino. Mi chico decía que eran tonterías mías, pero no, era masculino a más no poder. Tenía una bañera con mampara y ducha y una organización de sanitarios que me recordaba la de los aseos públicos. 

Nos quedamos a comer en el restaurante del parador. Se come bien. Te ponen unas patatas arrugadas que te chupas los dedos. Mi hija mayor se puso hasta las cejas con el puchero canario y mi chico repitió el conejo al salmorejo que había cenado la noche anterior. Somos una familia a la que nos gusta comer en los restaurantes. Es lo más cómodo estés de viaje o no estés de viaje. ¿A quién le gusta cocinar cuando eres tú la que tienes que hacer la limpieza?... 

Os recomiendo el Parador de Cañadas del Teide. Es un buen parador que sería mucho mejor si no admitiera perros. No creo que vuelva con las niñas. Mis hijas les tienen alergia a los canes.




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Los Reyes siempre vivieron muy bien. Fue lo que pensé cuando fuimos a ver con las niñas el Palacio de Riofrío, Segovia. Conocíamos el Palacio de La Granja, pero nunca habíamos estado en este otro palacio que es muy parecido. 

Quienes más disfrutaron con la visita fueron mis hijas. Han heredado el buen gusto de mi madre. Les encantan los palacios y la decoración de ricos, como dice mi niña mayor. La pequeña quería acostarse en una cama con dosel rojo. Tuve que explicarle que no estábamos en un hotel sino en una especie de casa-museo. 

Las habitaciones del palacio y el resto de las estancias conservan la decoración que tuvieron cuando reyes, reinas e infantas se hospedaban por allí. Hay mucha cama con dosel, muchas alfombras elaboradas con las mejores materias primas, muchos muebles de anticuario, muchas porcelanas que dicen con sólo mirarlas somos caras... 

Lo que no me gustó nada fue tener que pagar siete euros por cabeza para entrar. Hacen un buen negocio. Como decía mi chico, nosotros también podíamos sacar un dinero dejando ver nuestro dulce hogar, que es una buena muestra de productos de Ikea. 

En todo caso, os recomiendo visitar el Palacio de Riofrío, Segovia. Los interiores son mucho mejores que los exteriores. El jardín es bonito, pero no me llamó tanto la atención como el interior de un palacio que destaca por una arquitectura simple. cuando lo construyeron buscaron casi más una casona que un palacio. De hecho, no e esperas tanto lujo en el interior viendo una fachada bastante espartana. 

Lo que no os recomiendo nada es visitar el Museo de la caza. Yo entré y salí. No aguantaba ver tanto animal asesinado. Me quedé en los jardines mientras mi chico con las niñas veía toda aquella carnicería disecada más las armas. No aguanto ni los animales disecados ni una exposición de escopetas.