viernes, 20 de enero de 2017

Mis vacaciones más marcianas



El The View Hotel, Monument Valley, es el único hotel que está dentro del parque del mismo nombre. Todo un lujo. También es todo un lujo su precio. Nosotros nunca podríamos haberlo disfrutado si no fuera por un regalo de la empresa para la que trabaja mi marido. Ojalá algún día podamos volver a disfrutarlo. 

Nos dieron una habitación enorme con una gran terraza que daba a las formaciones rocosas. Tenías unas vistas fabulosas sin salir de tu habitación. Todas las habitaciones eran muy parecidas. Lo que no eran era lujosas. Tenían una decoración de Ikea que no podían con ella. 

Lo que me gustó fue tener os camas de matrimonio. Así pudimos dormir separados algunos días. En casa yo tengo mi propia habitación a la que me voy cuando los ronquidos de mi marido no me dejan conciliar el sueño. Había un televisor grande sujeto a la pared. Casi lo hubiera preferido sobre el escritorio. Me sentí como en un bar mirando la tele. Mi marido decía que lo habían colocado tan alto para el bienestar de los viejos que se alojan en este hotel. Los viejos, según él, quieren ver la televisión alta, como en los hospitales. 

No le faltaba razón en lo de la cantidad de gente mayor que se aloja en el The View Hotel, Monument Valley. Parecía un hotel para viejos. Eran norteamericanos ricos jubilados que se alojaban en el The View Hotel, Monument Valley para disfrutar de aquellas vistas de montañas rojizas. Allí parece que estás en Marte. 

Las estancias comunes del hotel están decoradas con un toque del Estados Unidos primitivo. Hay muchos recuerdos de los indios navajos, incluso en una gran chimenea que hay en la entrada del hotel tienen unos muñecos con trajes típicos que suben por la pared de la chimenea hasta el techo. 

En todo caso, os recomiendo el The View Hotel, Monument Valley. Es tranquilo y está en un parque maravilloso. Como os decía, parece que estás en Marte por las tierras rojizas que rodean a este hotel de sólo tres plantas. Las vistas son tan buenas desde la primera planta como desde la tercera, donde estaba nuestra habitación. Era de las habitaciones más caras. Las más baratas son las de la planta baja. 

Las comidas eran generosas. Me comentó una camarera que servían las comidas de los indios navajos, unas personas que comían mucho. Los desayunos, en cambio, eran menos abundantes. Los indios navajos no debían perder tiempo desayunando. Se parecían a mí.