lunes, 29 de septiembre de 2014

¿Quién se ha comido mi trabajo?

 ¿Quién se ha comido mi queso?, ¿Quién se ha comido mi trabajo? Nuestro trabajo olía a rancio y nosotros no nos queríamos dar cuenta. Los compañeros más espabilados se buscaron otro curro. Nosotros quedamos. Pensábamos que la peluquería unisex no cerraría nunca. Las señoras y los señores necesitaban llevar las cabezas arregladas. Seguimos yendo de vacaciones a Benidorm en verano, nos íbamos a Canarias en Navidades aprovechando el buen clima de las islas afortunadas.

 Un día llegó el ERE. Nos sentimos pobres. ¿No nos habían dicho que eramos clase media? Echamos cuentas. Durante unos meses, el paro nos permitiría pagar la hipoteca. También daría para algún fin de semana de vacaciones en una casa rural barata. Los niños podrían seguir yendo al colegio de pago. Sólo tendríamos que prescindir de la asistenta por horas que limpiaba cuartos de baño y cocina.

 Empezamos a pensar quién nos ha quitado el trabajo. Envidiamos a los enchufados que siguieron trabajando en la peluquería unisex. Eran cuatro liberados de la UGT y Comisiones más un votante del PP amigo de la dueña de la empresa. Nos sentimos como la clase ratonil de ¿Quién se ha comido mi queso?

 Tocaba, pues, buscar otro trabajo, buscar queso nuevo en unos laberintos estrechos y difíciles. Iniciamos la tarea con un buen puñado de historiales llamados currículum en las manos. Recibimos miradas compasivas, respuestas airadas. Nadie quería una de aquellas hojas para otra cosa que no fuera llenar las papeleras. 

 Entonces nos acordamos de los padrinos. Tú conocías a un concejal del PP. Yo conocía a la esposa de un ministro de Rajoy. Ellos nos darían el trabajo que necesitábamos para financiar vacaciones en hoteles de sol y playa, un piso hipotecado, un coche pagado con un préstamo, el colegio del Opus para los niños, la ropa de Zara, la residencia de la tercera edad de los abuelos. 

 Los enchufes funcionaron. Tú empezaste a trabajar de administrativo contratado en el Ayuntamiento de Madrid. Yo empecé a currar como barrendera en Mósteles. Volvíamos a ser clase media. Me sentía feliz. Corrí a Zara a comprar algo de la nueva moda otoño para nuestro fin de semana en la casa rural Outeiro en San Saturniño. La próxima semana, me prometiste, me invitabas a comer en Lucio. Para eso, me dijiste, son las raíces vigorosas de la economía del PP.