lunes, 27 de junio de 2016

Mis vacaciones en Toledo

El Hotel Abad Toledo es un hotel rústico que no te deja indiferente. A mí, que no me gustan nada las vigas de madera en el techo, no me agradó mucho. Me sentí como si regresara a la Edad Media de mis antepasados. La decoración rústica es una constante en todas las estancias del hotel. 

Fui con mi marido. Me llamó la atención de que hubiera bastantes familias. La decoración del hotel no lo hace nada apropiado para los niños. Mis hijas, por lo menos, necesitan alegría, y en aquellas habitaciones dignas de la casa de Drácula no la había. Si llego a estar un día más, me entra la depresión. 

Nos dieron un cuarto de los mejores porque me negué a quedarme con una habitación en la que podías tocar el techo de madera casi sin ponerte de puntillas. En nuestra habitación, por lo menos, podías respirar. Le aparté las cortinas para que entrara luz natural. No me gustan las habitaciones oscuras y aquella lo era con los cortinones marrones corridos. La cama era grande, pero no cómoda. El colchón era tan duro como el suelo de tarima del cuarto. Teníamos un escritorio de madera a juego con el cabecero de la cama y la tarima de madera del suelo. Las paredes, sin cuadros, estaban pintadas de amarillo mate. 

Las habitaciones de este hotel son distintas. Las de los pisos inferiores no tienen techos de madera, pero tienen una pared de piedra detrás del cabecero de la cama. Lo sé porque nos enseñaron varias habitaciones. Yo me hubiera quedado con una de las de las plantas inferiores, pero mi marido quería una habitación alta. Es un maniático. 

No os recomiendo ni os dejo de recomendar este hotel de tres estrellas. Hay hoteles mejores en Toledo. Ni siquiera por su ubicación céntrica lo volvería a elegir. No me gustó nada su decoración rústica. Encima ni siquiera tiene parking propio. Tuvimos que dejar el coche en un parking público que había en las inmediaciones por el que nos cobraron poco, pero nos cobraron.